De vuelta ya... Una lástima, porque en Bilbao se estaba de muerte y enseguida se acostumbra una a lo bueno. Un finde genial, la verdad: jamón del bueno, pintxos, música, futbolín, Guggenheim, playa y, lo mejor de todo, la compañía. Volveré, lo tengo claro.
Y frente a la tranquilidad bilbaína, el estrés de fille aupair: desde la Gare de Maisons-Laffitte hasta el cole de Camille, menos de 15 minutos. Que tiemble Montgomery, que le voy a arrebatar el récord de los 100 metros lisos! La carrera, sumada al viaje, me dejó para el arrastre y cuando por fin llegué a casa a las ocho y media y me encontré con que el colega no había recogido el lavaplatos y estaba toda la cocina llena de vasos y tazas sucias, creí que me daba algo. Mi cara debió ser de foto, porque me dijo: se te ve cansada, ya recogerás mañana. Aún le queda algún resquicio de humanidad, pero no el suficiente. Ayer volvimos a hablar de las vacaciones de Navidad. Me dijo que si quería me podía ir a casa el 23 y volver el 25, pero que el resto de la semana tengo que estar allí porque él tiene que trabajar. Le dije que al precio al que estaban los billetes de avión no iba a ir y volver dos veces, que me iba el 30 y volvía el 8. Y él me dice que Nochebuena y Navidad las pasan en casa de su madre, que a ver qué hacemos para que yo no pase esos días sola... Yo flipaba, la verdad. En el momento en el que digo que me quedo, creo que lo mínimo es que me diga que cene con ellos, aunque no le apetezca, no? Pero antes de ponerle en un compromiso de ningún tipo le dije que no se preocupase, que tenía quien me diese asilo político. Creo que respiró bastante aliviado. Que por cierto, cuando llegue el 8 de enero, este estará comiendo ya en platos de plástico solo por no recoger el lavaplatos...

Así que esta mañana me he comprado el billete de vuelta a casita, ahora que ya sé que solo tengo una semana de vacaciones. París-Madrid-Vigo y viceversa, con dos horas de espera en la estupenda y fantabulosa T4, porque vía paterna me he enterado que Vueling no tiene la ruta París-Santiago ni piensa tenerla, aunque en su web sí que aparezca la posibilidad (documento gráfico que lo atestigua!!) y te digan que esas fechas no están disponibles, que pruebes dentro de unos días. En fin, una estafa como cualquier otra, porque al final me he visto obligada a comprar el billete con Iberia, que me toca bastante los pies, porque te tratan mucho peor que en las
low-cost y el precio no tiene nada de
low. Air France, en el vuelo a Bilbao de ida nos dio un cafecito y en el de vuelta, un sandwich. Di tú que las maletas no salen por la cinta, sino que te las ponen al lado del avión y tú recoges la tuya, pero el esfuerzo no es tan grande y la diferencia de precio compensa. Y cuando has terminado de comer, no hay carrito
super fashion para recoger los restos, sino que pasa una de las dos azafatas que van en el avión con una bolsa de papel y tú tiras ahí la basura.
Después de este alegato a favor de las low-cost me voy a comer, que dentro de nada empieza mi jornada laboral. Hoy tengo guitarra con Camille y tengo que hablar con su profe para ver qué tal va. Y luego tengo que hacer compra, que la nevera está vacía de nuevo y me han dado 50 euros para llenarla! Como no sea el milagro de los panes, los peces y los billetes de 50 euros, vamos listos.
Mañana, más. Bikiños, Mae!